FE DE ERRATAS

Abrimos aquí el apartado “Fe de erratas”… ya empieza a ser necesario, antes de lanzar propuestas para el año próximo -muy en breve-, resolver algunos errores de la anterior edición. Por favor, no se pongan a correr como locos para encontrar las que no han visto…

Pero si en algún momento ocurre algo como lo que sigue a continuación, sepan que lo publicaremos aquí, qué no se diga…

Yo, de momento, aviso de dos fallos, entro otros más, de este año.

1º. Un poema de “Família” se quedó en el correo sin publicar, cosa que haré mañana mismo, en otro post. Al menos se podrá leer por aquí.

2º. En el libro “Fútbol” hay un texto con el título cambiado.

Malhauradament, los dos son de la misma persona, Manuel Onetti, i la responabilidad de los errores, también de una sola persona, Yo misma.

Así que, ara mateix, cuelgo aquí el relato de Manuel Onetti con su título correcto, porque todo cuenta en un texto, la intención, la decisión y desde luego la corrección.

He de decir que el título correcto del texto es GUERRA, i no ¡¡GOL!!, como le puse yo, no sé a causa de qué alucinación momentánea.

Coincido totalmente con el autor en que ese cambio de título cambia la intención y rebaja su intención, claramente política.

Mis disculpas de nuevo, Manuel.

……………………………….. Micro “GUERRA”, Manuel Onetti

futbol foto

Me hice un auto pase de tacón, con la ayuda de la pared, ya que las reglas del fútbol del barrio no contemplaban los límites del fuera de banda; además, usar las paredes como si se trataran de un compañero de equipo cualquiera era  lo más natural y satisfactorio para nuestras torpes cualidades futbolísticas. Dejé atrás al último defensa y encaré al portero.  Le temblaban las piernas como a un perro recién lavado,  hecho que aproveché con cierta maldad para disparar con todas mis fuerzas contra su cuerpo, absteniéndome de florituras en el uno contra uno, haciendo que el pobre  se retorciera en el suelo agarrándose sus partes mientras el balón sobrepasaba la esquina de la calle que delimitaba su portería y hacía de poste izquierdo. ¡¡¡GOL!!! Grité,  corrí con los brazos abiertos a lo largo de la calle buscando la gloria entre los de mi equipo y el odio momentáneo entre los del equipo rival.  Pero nadie me felicitó, me abrazó o me gritó lo bueno que era por  la impresionante jugada que yo solo había construido. En medio del terreno de juego paré mi celebración decepcionado por no haber recibido ni el tacto ni el aliento de mis compañeros de esa forma en que lo hacen los futbolistas. Miré a mi alrededor buscando a esos pequeños cabrones que me habían dejado allí solo, pero estaban allí conmigo. En el centro de la calle. Todos, mirando hacia arriba. Lo más arriba posible que sus  cuellos les permitían. Hacia el cielo.

El cielo estaba negro. Era negro. Aunque el azul no se había ido. Estaba ahí, debajo de esa mancha. Esa que no era menos que el desfile de los bichos más grandes que habíamos visto en nuestras vidas. Helicópteros, aviones. No sabíamos de modelos o tipos. Sólo que ese montón de aparatos había inundado nuestro cielo. La primera guerra del Golfo había comenzado y había eclipsado mi gol.