Ana del Río

1º part

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LA Espiral, tal como su nombre indica, crece, da vuetas, parece que pasa por los mimoS lugares, Pero no, crece a partir de lugares ligeramente despalazados.

Hoy tengo el placer de incluir en el blog de la espiral un frgmentO del texto que Ana del Río publicó en “Deu que són onze” para la edición de 2018 de la espiral.

HASTA QUE LA PLAYA DIJO BASTA

…Entonces lo supe, la playa se estaba presentado, encantada de conocerte, Candela. Un viento cálido sopló en mi cara y saludé a las olas, contenta, porque sabían mi nombre.

Cuando volví a casa, mamá hablaba con una mujer en la puerta, pasé corriendo por su lado y entré. Al lado de la mesa, en el suelo, había un colchón que antes no estaba. Cuando mamá volvió se sentó a mi lado en el colchón. Es extraño, me había dicho, nadie sabe quién lo ha dejado aquí, pensé que sería esa señora porque hemos hablado antes, pero dice que ella no ha tenido nada que ver. La playa está contenta de que estemos aquí mamá, ha sido ella. Mamá empezó a reírse y a hacerme cosquillas, después hicimos la cama y me dormí mirando como removía algo en una olla mientras esperaba a que volvieran papá y el tío.

Han pasado 50 años de aquel primer día en el Somorrostro, levanto la vista del teclado y veo en la estantería la botella de gaseosa con arena de la playa del Bogatell. Hacía años que no pasaba, pero desde que empecé a escribir sobre mi infancia en Barcelona, la arena se ilumina y se apaga como en un latido. ¡Pasaron tantas cosas! Fernando me regaló la botella el mismo día que dejamos el Somorrostro para viajar a Alemania.

El día que conocí a Fernando era sábado, mamá y el tío estaban pintando nuestras cuatro paredes nuevas mientras papá intentaba construir una ducha como la del tío. Ese día ninguno de los tres iba a la fábrica y se empleaban a fondo para arreglar la casa durante el fin de semana. No estorbes, me decía el tío con paciencia, ves a jugar con el niño ese de la cometa, se llama Fernando, le dices que vas de parte del Luis y ya verás cómo te deja jugar con ella.

Yo nunca había visto una cometa.

2ª part

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L’Ana del Río es va presentar al concurs de relat curt del Centre Cívic Tomasa Cuevas amb un dels seus contes, Vías Verdes, que resultà guanyador del primer premi, El segón fóu per l’ Angelina Cabré y recollí el guardó Guifré Miquel, en el su nom. El divendres 25 de maig fou el lliurament de premis. Es varen presentar 54 obres.

Estem molt contentes i felices que l’Ana hagi rebut el premi perque saben de l’amor i la voluntat que posa en el seus treballs.

Moltes felicitats Ana, i a por más, ja saps… ❤

L’Espiral ❤

 

 

 

 

 

Històries del metro. Narraciones de ensoñaciones y alguna pesadilla bajo tierra.

Històries del Metro son eso, historias (en catalán o castellano) que suceden en el metro aunque muchas no son sino  historias que suceden en las cabezas de sus viajeros, deambulaciones interiores. El metro, que en nuestra cotidianidad es uno de esos no-lugares entendidos como espacios de transitoriedad urbana que anonimizan a sus ocupantes, es vivido intensamente por los personajes que lo llenan de secundarios, acciones, sentimientos, expectativas y decepciones. ¿Hay algo más que tengan en común las Històries del Metro aparte de que suceden en, bajo, con, hacia, hasta, sobre, tras el metro? Sí. Una cierta languidez vital, un dejar que la cosas sucedan y un perderlas; se pierde el trabajo, el amor, la oportunidad, la vida. Eso es lo que tienen en común, pero además cada historia tiene su particularidad; los protagonistas se enamoran, se casan, se divorcian, se suicidan, participan en secuestros, reviven experiencias, encuentran la inspiración para sus escritos, pasean su difunto espíritu, viven legislaturas completas  o juegan mientras tangencialmente suceden hechos espantosos. El metro es en muchas de las narraciones marco necesario como en Línies de colors donde sin metro no hay historia, en alguna es una licencia literaria a modo de Macguffin, como en La musa de la línia blava donde lo de menos es el metro y lo de más lo que sucede cuando la narración acaba y en alguna otra el Macguffin es la propia historia narrada y la carne en el asador está en un metro que no está, una carne en el asador terrible, real, dolorosa que no se cuenta en Silenci Administratiu I pero sí en Silenci Administratiu II.

Así que lectores animosos, cojan el libro y léanlo en el metro, entre estación y estación y obsérvense a sí mismos y a quienes silenciosos, adormilados y ajenos les rodean. Y si viven en ciudades, pueblos, villorrios o  montañas sin metro, congratúlense por ello y léanlo igual; en el bus, en la terraza de un bar, bajo un árbol o en la cama, no les llevará mucho tiempo, cualquier línea de metro emplea más en ser cruzada que el que se requiere para leer este libro.

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Una librería en Berlín


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Françoise Frenkel, nacida Frymeta Idesa Frenkel en Polonia en 1889, fundó la primera librería francesa de Berlín con su marido Simon Raichensteinen el 1921 y la regentó hasta 1939, cuando huye hacia la zona libre deParís.
Autora de un único libro, publicado en Jeheber, una editorial suiza en 1945. Desapareció de circulación hasta que apareció un ejemplar en un tenderete de la comunidad de Emaús; fue publicado por Gallimarde en 2015 y prologado por Patrick Modiano.
No se sabe más de su vida, hasta su deceso en Niza en 1975.
Una librería en Berlín es una evocación apasionada de la historia de esa librería en esos tiempos convulsos, las afrentas al pueblo judío, la generosidad, las pequeñas cobardías cotidianas y los diferentes y angustiosos intentos de huida de Frenkel.
No es uno más de esos libros para fetichistas de lo libresco. Tampoco es otra crónica más sobre los años siniestros del nazismo, ni es una autobiografía más de las vicisitudes de una mujer en tiempos de guerra. Es todo eso y es mucho más, es una experiencia total sobre la vida de una aguerrida mujer amante de los libros y de la cultura en los años del ascenso del nazismo y la persecución de los judíos en Europa.
Frenkel escribió su libro en Suiza, después de su definitivo intento de huida, con éxito, pero parece hacerlo mientras ocurre, sus perseguidores están siempre cerca, muy cerca, y sólo la solidaridad, la amistad y un mucho de buena suerte, permitirán que salga con vida de la experiencia.
Una librería en Berlín tiene una ligereza especial, hecha de luz y determinación, trasluce el amor a la vida y la firme decisión de no dejarla perder. Es un libro elegante y limpio que nos lleva de la mano con fuerza a esos oscuros momentos de la historia europea, pero también nos muestra sin alardes ni quejas la valentía y la decisión de la autora que en ningún momento desfallece en su huida hacia la vida.
Si tuviera que elegir un orden entre los libros que nos hablan de ese tiempo, asociaría sin dudarlo, la Suite francesa de Irène Némirovsky y Una mujer en Berlín de una autora anónima. Una trenza de escritura con toda la complejidad del tejido vivo.

Texto: Nati Comas

Contra la interpretación

…se aceptan propuestas, dijimos, y ya tenemos una: l’Abel Valenzuela ens proposa una resenya, mini-assaig, ens recomana amb molta contundència l’assaig de la Susan Sontag.

Ja, fa molt de temps que es va escriure, pero… que levanten la mano quienes lo hayan leído… 🙂

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Hoy hablo de una colosa intelectual que, a mi juicio, no adquirió la notoriedad que se merece. Eso, o tendré que replantearme con qué compañías ando, porque pocos de mis coetáneos la han leído. Sea como fuere, aquí va mi recomendación de lectura.

Me refiero al ensayo “Contra la interpretación”, de la pensadora y escritora Susan Sontag.

En mi modesta opinión, se equivocaría quien pensara que Sontag redactó este impecable y cataclísmico mensaje como reacción a la corriente dominante (sí, hijos, sí: “mainstream” ya existía en español, y se dice corriente dominante) de los intelectuales de su época. Miren, dijo lo contrario de lo que todo el mundo decía en conversaciones cotidianas, pero es que también dijo lo contrario de lo que todo el mundo afirmaba en charlas de pensadores. Llevó la contraria, y con razón, así que como dirían Tip y Coll, hay que dársela.

Podríamos compararla a esos escritores despreciados antaño (e imagino que ahora también en según qué círculos puristas) por escribir “mera divulgación”. Bueno, no sería tan obvio lo que se divulgaba si alguien se tomó la molestia de escribirlo en un ensayo. O tal vez todos lo decían, pero encerrados en su torre de marfil, supusieron, erróneamente, que la mayoría de la gente sabía lo mismo o partía de la misma base. Por ejemplo, que sabían algo de Arte.

O, para el caso, de lectura. No en vano, al leer ficción solemos decir que cada uno “lee” (interpreta) un libro distinto. Muy cierto, por descontado. El caso es que la tesis que Sontag se encarga de derrumbar en su obra resta libertad a la lectura o interpretación de una obra imponiendo una, y sólo una, interpretación en concreto, privando al lector/espectador/vivenciador -o, más ampliamente, a cualquiera que reciba la influencia de una obra artística- de su aportación contextual a la misma. Pues oiga, viene a decir: ni tantos, ni tan calvos. Quizá un crítico artístico pueda entrar al detalle técnico y simbólico, pero una persona cultivada también puede hacer su propia elaboración activa de la obra. Y si no, que se lo digan a todos los autores cuyas obras fueron “malinterpretadas”. En algunas era intencional. En otras, accidental.

De ahí el título de este artículo: uno puede salir del cine diciendo que tal película es “una feroz crítica al capitalismo”, y sin embargo a otra persona le puede haber impresionado notoriamente el aspecto humano o las cualidades burlescas de la misma. Y no hay que ser un erudito ni un estudioso del Arte para saber que quien busca, encuentra, pero que también hay arte en el pulp (oigan el monólogo de David Carradine, cuando habla sobre Supermán en el Vol.II de Kill Bill), y basura en lo intelectualoide (oh, sí, qué profundidad Michael Moore, en tu documental ‘Sicko’. Claro, para el americanito medio que cree que ponerse malo es culpa suya -creencia muy extendida por el globo- pues sí, llega. Para un español que no sabe la suerte que tiene de tener un servicio sanitario universal…, pues hace falta un Évole que echarse a la cara, o sencillamente haber crecido en los 80 o antes para ver cómo todo se iba al garete; pues la crítica a que negocien con la salud como que ya se conocía hace 40 años sin documentales ni libros ni nada, así que perdóneme que no me sorprenda, está usted al nivel ensayístico de El Jefe Infiltrado, y no es ningún demérito: llega a gente que no lee, que ya es decir). Pero volvamos al tema.

Sería subestimar la inteligencia de la señora Susan Sontag afirmar que se cogió una rabieta y escribió un ensayo para llevar la contraria. Podría haber pasado, y sería una fabulosa trama novelesca, pero imagino a Sontag riéndose también de esa crítica, y escribiendo con valentía algo que ella pensaba simple, pero que al parecer nadie veía tan claramente como ella.

Su valor es, pues, doble: si bien en muchas épocas la teoría correcta flota en el aire sin ser concretada por su obviedad, a veces es necesario no sólo defenderla en las volátiles comunicaciones personales, no. Es necesario plasmarlo en la letra impresa para que algo simple, contado con precisión, brille como el más preciado diamante de la inteligencia.

Un ensayo para especialistas o eruditos habría pasado apercibido por los mismos, y habría caído en los mismos debates estériles de siempre, a los que de seguro, Sontag no era ajena. En cambio, un ensayo general, abierto, honesto, que no busca deslumbrar sino dejar las cosas claras, acabó siendo la mejor solución.

Con el permiso del respetable, el ensayo es tan lúcido y sus diagnósticos tan obvios (y me quedo muy corto), que léalo dos veces si no lo ha entendido a la primera, porque éste es uno de esos casos en que la mayoría no tenía razón (ni siquiera se acercaba), y el exceso de análisis en la dirección equivocada servía para dar de comer a cientos de bocazas académicas sin hacer avanzar su campo en lo más mínimo.

Aunque sólo fuera por la valentía de decir lo contrario de lo que todo el mundo decía, pensaba y escribía en su época, el ensayo tendría un valor más allá de todo contenido: por el momento en que se publicó, por el contexto rancio y anquilosado en que cayó, y porque (no me gusta destacar estas anécdotas, pero para que luego digan que no hay gigantes intelectuales femeninos) Susan Sontag era mujer. Para mí, esto también es un insulto, porque me importa un carajo quién lo escribiera. Lo que brilla en él es su inteligencia, y no su género.

Si no está preparado para romper sus prejuicios sobre “los de ciencias y los de letras”, quizá no debería leer dinamita intelectual como la que escribe Sontag.

No obstante, si se atreve, aquí va un anticipo de lo que se puede encontrar:

La destrucción demoledora que propone Sontag es la que todos los días hacemos sobre una obra de arte. Piense por un momento en la experiencia. Cuando vive usted una obra de arte (en caso de que le afecte, “le diga algo”, le conmueva o despierte su sensibilidad de cualquier manera), su experiencia será única y personal. Estaremos de acuerdo en que dicha experiencia puede ser similar a la de otros sujetos ante un mismo objeto que es la obra de arte. Pero también convendremos en que, al no ser matemáticas, jamás podrán ser idénticas (ni siquiera si usted vuelve a experimentar la misma obra pasado un tiempo).

Así pues, es intelectualmente inadmisible decir que una obra de arte es una crítica al capitalismo, o es una defensa de los valores familiares, o es cualquier otra cosa de su cosecha. Como mucho, podrá decir que usted ha interpretado, ha visto, ha creído que la intención del autor eraque es precisamente lo que Sontag destruye, recordémoslo “Contra la interpretación”. Hacer tal crítica, llevar tal mensaje o remover tal conciencia. Pero usted no es el autor. Puede aproximarse (y es un juego divertido) a sus intenciones, pero jamás descubrirlas o afirmarlas inequívocamente. Dada solamente la obra, atemporal, desprovista de su creador, usted no puede tener garantías absolutas de lo que quiso decir (o siquiera si quiso decir algo). Usted, de hecho, puede experimentar el arte al ver algo que ocurrió por accidente (una bolsa de plástico movida por el aire). Y todo ello, sin refutar el hecho de que habitualmente una obra de arte es artificial, en el sentido de que requiere un trabajo previo ajeno a la comunicación (hablaríamos aquí del arte como oficio, y no como experiencia sensible).

Es posible que en este punto usted ya coincida con la autora. En ese caso, enhorabuena, tiene usted el suficiente experiencia, sentido común y/o lucidez como para verlo, incluso puede que el mensaje le parezca de perogrullo. Si es así, probablemente quiera ahorrarse la lectura del libro que recomiendo y dejar de leer en este mismo momento. Total, éste es uno de ésos casos en los que sí puede leer el resumen y hablar sobre el libro… ¿o quizá no?

Puede que no sólo importe lo que dijo, sino cómo lo dijo.

Sin embargo, le recuerdo que no deberíamos pasar por alto lo siguiente: si se vio puesta a escribirlo es porque la gran mayoría de gente competente a su alrededor fue incapaz de romper ese prejuicio, o lo bastante tozuda para no darle la razón a Sontag, o incluso para dársela, pero no para creer que fuera importante poner algo básico por escrito. Y aquí está una de las claves de las que adolece todo trabajo intelectual superficial: va al detalle, y no a la raíz. Y créanme cuando les digo que hacer comprensible con sencillez algo complejo es atributo no sólo del genio (algo común), sino del esfuerzo, el oficio, y la dedicación.

El mensaje es simple, ¿verad? Pero por suerte o por desgracia va en contra del proceso más habitual al comentar obras de arte.

¡Si se quedara ahí solamente! Por el camino, Sontag ha destruido la dicotomía forma-contenido que todos los interesados (y muchos especialistas) del arte siguen utilizando, creyendo que es la correcta. Como de costumbre, también en este caso Sontag derruye los podridos cimientos del statu quo anterior, que asumían sin cuestionarla una forma de discurrir heredada, un copiar-y-pegar de élites intelectuales precedentes, que no hacía más que encorsetar a los pensadores del arte; y una vez despejados esos terrenos, esta autora edifica el nuevo laboratorio de análisis del arte, desprovisto de prejuicios esta vez, desnudo, sin accesorios, con entradas y salidas claramente indicadas que todos pueden seguir por sí mismos, como hemos hecho los alucinados lectores del texto que comento.

Tengo que agradecer, por añadidura, la relativa brevedad de una obra tan cargada de perlas comunicativas. Cualquier otro autor habría divagado durante cientos de páginas para transmitir su mensaje. Pero sin bajarse de la estratosfera mental, Susan Sontag consigue decir lo que quería decir sin la esterilidad clásica de esa filosofía de darle vueltas a un asunto sin llegar a ninguna parte. Más o menos la misma diferencia que hay entre empacharse el tostón de 800 páginas de “El ser y la nada”, del existencialista Jean-Paul Sartre, o las apenas 200 que ocupa su novela “La náusea”, la cual proporciona todas las pistas necesarias para entender esa corriente filosófica.

Si se me permite, mi granito de arena para tal obra magna consiste en decir que, elaborando un poco más allá, y poniendo en valor la tesis del libro “Contra la intrepretación”, éste no nos permite olvidar que un lienzo con pintura es un lienzo con pintura, y no “la decadencia de los valores medievales” o “el claro ejemplo de la hipocresía burguesa”, cabe indicar que otra forma de mirar el asunto sería poner la obra en su contexto.

Si alguno pensaba que negábamos tal forma de historia del arte, de crítica ilustrada o de lectura cultivada de “autor, obra, y contexto histórico-cultural”, vaya quitándoselo de la cabeza, pues es hacer trampas. Hablábamos aquí de la obra per se, y no de la obra teniendo más información, habiendo conocido al autor directa o indirectamente, etc.

Si duda de lo que digo, lea el libro recomendado en este artículo o compare su lectura del manuscrito de un amigo suyo que sea escritor… con la lectura el Quijote (siempre y cuando usted no hubiera leído jamás una obra de Cervantes). Verá que el experimento mental, por sí solo, ya le resulta esclarecedor.

Con suerte, habrá llegado usted al final de mi farragoso texto. Le ruego disculpas por mi torpe elogio de una obra tan destacada, y le emplazo de nuevo a la exploración de esa pequeña joya, tan injustamente ignorada.

hem llegit…

El último sol publicada inicialment a Sonograma, pagina de teoria musical oberta a altres opinions artístques que us recomanem especialment.

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Félix Teira Cubel, nacido en Belchite en 1954, zaragozano de corazón y de trayectoria vital maestro, narrador crítico de su tiempo, profesor y batallador de las palabras. Publicó su primera obra, Brisa de asfalto de la mano de Mario Muchnik . Se le ha alabado la madurez crítica de su obra. También ha publicado una trilogía para adolescentes que ha triunfado entre el público adulto.

Su último libro, publicado en noviembre de 2016, El último sol, nos muestra los últimos días de la vida de un pintor de fama internacional, Pablo Monfort, que sabedor de  la grave enfermedad que padece, decide abandonar su vida cotidiana en la ciudad y pasar el tiempo que le queda en el pueblo de su infancia , Manafría. La vuelta a su casa familiar, Casabocafoz, es un viaje cargado de dolor y de recuerdos desde un final que se aproxima, hacia una infancia idealizada…  al nacimiento de la amistad con Ernesto, quien le abrió la puerta a la Pintura, al amor de Martine,  la Mujer, única, hermosa y fascinante, amor que comparten –y sufren- los dos desde el principio y  que ha dado forma a su tiempo, vivido apasionadamente. Otras puertas se abrirán en ese viaje vital, el triunfo de su carrera pictórica, el dolor de la pérdida, la locura del alcohol, los cambios políticos y la acomodaticia posición en la que le mantienen, la transición y sus traiciones.

Los últimos días de Pablo Monfort, con sus recuerdos y la presencia esquiva y cuidadosa de Ramiro, el viejo campesino, descreyendo de la enfermedad, memoria viva del lugar y de sus vidas, hasta el final; acompañado por un médico chileno y tutelado desde la lejanía por su hija Elena, personaje contradictorio y áspero, motor de la trama final.

Y la amistad, prevaleciendo, el amor, siempre vivo, la locura manifiesta, la memoria, la creación, las trampas y el dolor de ver cerrarse la vida; Manafría y toda la paleta cromática que reflejará en palabras un hermoso cuadro: ese libro cargado de diálogos, de pinceladas y silencios, de arte y discurso, de paisaje, El último sol.

Amb aquesta resenya reprenem la secció de recomanacions de lectura… acceptem propostes i acceptem les vostres resenyes també.

Estaría bé trobar resenyes dels llibres de l’Espiral aquí dins. Si no arriben, alguna cosa farem.

Maliajo

17 de setembre a Madrid

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La Puerta Estrecha se abre de nuevo, generosamente, para presentar los libros de la Espiral.

Esta vez la tarde será algo diferente, os mostraremos los libros de 2015 y de 2016 y algunos proyectos pendientes. Leeremos, quizás leais también, en esa cueva teatral, magnífica, que nos acoge y muestra nuestro trabajo en el mejor de los entornos.

No es necesario  contar de nuevo la mala racha que ha impedido hacer la presentación de 2015 ni mostrar de nuevo las portadas, todo está en este blog, en el fbk i quizás en próximos mensajes.

Los libros de 2015 fueron:

POR MIEDO,  del Col.lecti-u-vo  Sense por,

TAXI!!!, del  Col·lecti-u-vo aPeu,

ME GUSTARIA HACER LA REVOLUCIÓN de Isabel Puertas Ros

SOMBRIMBRAS de Freya García

En 2016 han sido todos, cuatro,  colectivos:

FAMÍLIA, col·lecti-u-vo Desnat

FILLES DE MARE, col·lecti-u-vo Les DONES i els dies

FUTBOL, col·lecti-u-vo  Balones inside

6 MANERES DE MENJAR UNA MAGDALENA,  del grup La Karcoma

Contamos, como siempre con vuestra colaboración, y en este caso me gustaria mucho saber con cierto margen quien podrá estar ese día, ya sabeis que si no, os pillo a traición…

Así que, convocatoria Espiralera pública el dia 17 a las 19 h. en La Puerta Estrecha y si podéis confirmar asistencia al correo y la posibilidad de leer textos propios o ajenos,  organizo el guión ya mismo y os lo envío con tiempo suficiente.

Si no hay ningún otro accidente, el dia 15 llegaré a los madriles y hasta podemos hacer unas cervecicas por Lavapies, verdad?

LAS SORPRESAS, QUE ALGUNA HABRÁ, EN PRÓXIMOS MENSAJES

 

 

 

 

 

 

 

 

6 maneres de menjar una magdalena

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6 maneres (4 autores i 2 autors), 7 llibres en una gran obra des d’on sortir a escriure: À la recherche du temps perdu.

El projecte Proustià del grup La Karcoma, 7 blocs de text amb 6 relats cada un, 42 relats a l’estela d’en Proust.

Com escollir un fragment? Pues a voleo, e iremos cambiándolo cada semana, para que probéis cada una de esas maneras, las de cada autor, cada autora leyendo y elaborando su texto a partir de Marcel Proust.

Avui li ha tocat a Mónica Sabbatiello:

« Et l’église-entrant dans mon attention avec le café, avec le passant à qui il avait fallu demander mon chemin, avec la gare où j’allais retourner-faisant un avec tout le reste, semblait un accident, un produit de cette fin d’après-midi, dans laquelle la coupole moelleuse et gonflée sur le ciel était comme un fruit dont la même lumière qui baignait les cheminées des maisons, mûrissait la peau rose, dorée et fondante. »
(PROUST Marcel, À la recherche du temps perdu. 5. À l’ombre des jeunes filles en fleurs, 1918, p. 659)

 

EL VIENTRE DE LA BALLENA (fragmento)

San José de las Carmelitas Descalzas, Toledo, agosto de 1578

Mariana pasó la noche en vela a raíz de la carta de la Madre Teresa, una misiva cargada de preocupación por la vida de Juan de la Cruz, detenido por los monjes oscuros, los Calzados, hacía nueve meses. En esas circunstancias a ella no le importaba si caminaba hacia el vacío o hacia Dios, o si eran lo mismo. La inquisición tendía una sombra que la ahogaba.

Dejó la penumbra de la capilla y salió al jardín. Se recostó contra un muro y la hipnotizó la luz que parecía oro líquido sobre el tejado del convento. Algunos pájaros se perseguían.

Ahí todo era perfecto, como detenido entre respiraciones, como un accidente o un invento del amanecer. Eso le trajo un poco de consuelo.

Le fascinaba el arrobamiento de Juan de la Cruz. Ese cura poeta que había sido su confesor seguía un camino más ascético que el de la Madre Teresa: el de las nadas, así lo llamaban. Sobre eso cavilaba cuando oyó unos golpes en el portón de entrada del convento, y los gritos de: “Abridme o me destrozan, soy Juan”. No podía creer que fuera él. Sintió un vahído. Estaba débil y alterada tras someterse a muchos días de ayuno.

Corrió, con el pecho retumbándole, a avisar a la hermana portera. Al rato, un buen número de Carmelitas, inquietas como adolescentes, rodearon a Juan con muestras de afecto. Los harapos del sacerdote dejaban a la vista las heridas de su cuerpo adelgazado. Mariana asumió el mando y lo condujo a lo más profundo de la zona de clausura, donde estaría seguro.

Sentado en el camastro de una celda de retiro, parecía un pajarillo tembloroso. Mientras bebía, con tragos cortos, una fresca limonada con hierba buena, les fue contando a las religiosas congregadas a su alrededor, cómo había hecho para huir de la fortaleza de los Calzados, en el otro extremo de la ciudad.

Con el pretexto de remendar su hábito había obtenido aguja e hilo, elementos imprescindibles para su plan. Esa noche, la de la huida, unos frailes fueron de visita al monasterio, y él aprovechó el alboroto de la cena para aflojar los tornillos del candado de su celda. Con una manta hizo una especie de cuerda: la desgarró en tiras que unió con costuras, porque con nudos no le alcanzaría para ganar el muro inferior.

Cuando todos dormían, salió a la sala contigua. Y agarrado con ambas manos a la precaria cuerda, se dejó caer por una ventana abierta con la certeza de morir destrozado si ésta se rompía, o pisaba unos centímetros más allá, pues entonces iría a parar al despeñadero que acababa en el fondo del Tajo.

Una vez que ganó la calle, anduvo pegado a los muros por el meandro medieval que desconocía. Un hombre le permitió resguardarse en el zaguán de su casa. Con las primeras luces del amanecer pudo orientarse para llegar hasta el convento de las Carmelitas.

Mientras Juan contaba esas peripecias, Mariana buscó la soledad de la capilla para atemperar su conmoción. Las manos le temblaban. Y habló con Jesús, como de costumbre, de tú a tú. Le preguntó cómo era posible que unos hombres que se pretendían religiosos fuesen capaces de infligir semejante daño a un santo. No obtuvo respuesta, pero se serenó.

Buscó vendas, gasas, linimentos y la sotana del capellán para que él pudiera cambiarse y fue a la celda donde descansaba.

Juan, con los ojos cerrados y la cara relajada, parecía meditar. Dos monjitas lo miraban desde un rincón. Mariana se aproximó y le apoyó una mano en el hombro. Él abrió los ojos y ella reconoció su mirada benévola. “Vengo a curarlo, padrecito”, le dijo.

Se sentó en el suelo de baldosas blanquinegras y le tomó uno de sus pies lastimados. Le vino la imagen de Magdalena y Jesús, una asociación que le provocó el llanto. Sus lágrimas fueron a parar a una de las heridas del empeine. Juan le acarició la cabeza a través del paño de la toca. Ese contacto la estremeció.

Después de la cura, dejó sus pies envueltos en una gasa, y lo invitó a sentarse a horcajadas en una silla. Él, obediente, apoyó su cabeza sobre el borde superior del respaldo. Ella le retiró con suavidad los trozos de tela sucia agarrados a las heridas de la espalda. Desprendían un olor acre, a carne podrida.

Juan fue narrando sus penurias con voz neutra, como si quisiera documentarlas. Esas lastimaduras se las infligieron los religiosos durante el Miserere. Formaban una circunferencia y uno tras otro hacían caer con saña el látigo sobre su lomo. A esa mortificación la llamaban disciplina circular. Lo torturaron nueve meses mientras entonaban el Salmo Cincuenta de David. Las huellas más recientes eran unos desgarros con pus; las más viejas, costurones de cuero reseco.

Con agua tibia Mariana ablandó, y con aceite de clavo desinfectó. Estoico, él soportaba la cura sin soltar ni una queja, aunque sí algún respingo. Compadecida, ella acarició ese pellejo que transparentaba las costillas. Con la punta de los dedos recorrió esa geografía de combate. Y sintió la intimidad. Una tibieza sensual despertó su cuerpo de mujer…

 

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FAMÍLIA

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Un poema de Freya García se incluye en el recopilatorio Família.

Un hermoso y gran poema que en ausencia de su autora leyó Montse Comas

Gràcies a les dues.

FAMILIA

Alrededor de la mesa,

En ocasiones callar es gritar con desatino.

Limar tus aristas para amoldarte y ser la clave.

Apuntalar un arco de medio punto que

quién sabe si en ruinas.

 

Alrededor de los años,

en ocasiones gritar es callar con destreza.

Afilar las garras para trepar y ser el viento.

Quebrar un andamio de óxido que

quién sabe si en ruinas.

 

Filles de mare

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Filles de mare, un recopilatori de la col·lecció “poetisAs por ovArios”, i un petit relat de Pilar Maeso Vadillo, que va ser llegit per ella mateixa i va triomfar entre l’assistència.

 

Mycocepurus smithii. Cultivando el jardín de hongos. 

 Cuando madre llegó a este lugar, le pareció un buen sitio para crear un hogar. Construyó la casa pequeña, se arrancó las alas y las enterró, a partir de ellas empezó a crecer el jardín de hongos.

Luego nos tuvo a nosotras, nosotras somos todas iguales, nosotras somos iguales a madre, madre es nosotras.

Nosotras cultivamos el jardín de hongos, ampliamos la casa, alimentamos a las más pequeñas y a madre, que cada vez está más gorda y más grande, y pone huevos y más huevos para que haya más nosotras.

A veces nace Una, Una es igual que nosotras, pero tendrá alas. Y cuando sea mayor volará, lejos, pero un día encontrará un sitio donde crear un hogar, y se arrancará las alas para poder tener a sus nosotras y las enterrará para alimentarlas.

Gracias, guapa!!!

TAXI. Manuel Onetti

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UNA NOCHE EN LA TIERRA

Lo siento, padre, la estatua me tapaba

y no lo podía ver.

Roberto Benigni en Night on Earth, Jim Jarmusch

  1. En uno de los siete cielos.

Yo quería usar las manos. Quería usar los pies. Quería dejar de usar mis alas. Estaba cansado de dejar llevar mi cuerpo etéreo a través del viento. Quería pisar la tierra de nuevo. Todo desde que vi aquella película en aquel cine mientras seguía una pista. Si salió de la mente del hombre es porque otro como yo lo puso ahí. Hicieron hasta una segunda parte. Yo quería  ser uno de ellos. Un verdadero caído.

  1. Iberia

De repente un día caí. Desayuno todos los días en el mismo sitio. Ahora comparto algo. Ahí te veo sentado. Intentando hacer el viejo truco de antes. Poner pensamientos en tu cabeza. Pero ahora no sirvo para eso. Yo quería tierra. Esto es la tierra. Pero quizás otro de mis antiguos amigos me vigile.  Quizás él pueda salvarte y hacer que llegues de nuevo a tu iglesia. Pero la tierra es para las acciones.


  1. La carrera I.

Yo te traeré la verdad. Ya te diré contra qué será. No te asustes por la velocidad. ¿No crees en Dios, padre? Qué absurdo es llamarte padre, ¿no te parece hijo?  ¿Has visto esa otra película? Yo me reí mucho. Ese italiano loco mató de un susto al cura. Tranquilo, tu corazón está bien. No entiendo por qué temes si tienes toda tu fe. Ya bajé la bandera. Todo esto no te saldrá muy caro, te lo  puedo jurar.

  1. La carrera II.

Estas luces. Este movimiento. Tu angustia. Mi satisfacción. ¿No te parece una redención? Sí, una redención. Tienes que entender que te estoy salvando. Esto es un verdadero viaje. Un golpe. ¿A dónde te ha llevado tu libro sagrado? No más crucifijos. Esto es un verdadero cruce. La salvación es una explosión. Y luego estarás salvado. Igual tú sabes agradecerla. Mírame a mí, aquí de nuevo. Tenía cosas que hacer, de nuevo, otra vez. Yo te creé, no él. ¿Por qué no iba a tener derecho a cobrarte?

  1. Fin del trayecto.

Todo es una luz. Una luz rápida. Has entrado en ella rápido. Seguirás por ella, rápido. Allí te están esperando. No te preocupes, serás bienvenido a pesar de mis actos. Este tipo de cosas les gusta. Tendrás tus alas. Tendrás un nuevo propósito. Mejor que el que tienes ahora. Más claro. Dales recuerdos. Yo creo que me quedaré aquí. Si ellos me dejan seguiré viajando. Sin mis alas. Sólo con mis manos. Con mi ansia de nueva vida. En este vehículo. Esperando que vuelvas con tus artes de ángel a descifrar en mi mente mi nuevo viaje. Un viaje de luces encendidas y apagadas.

 

 

Este relato y unos cuantos más, los pueden conseguir aquí

POR MIEDO. Liliana Jalile

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CONFESIONES DE UNA PEQUEÑA FILÓSOFA

Cuando era chica me asustaban las gitanas: me habían dicho que andaban robando niños. De adolescente, me atemo­rizaban los chicos: me habían dicho que ellos las prefieren bonitas, flacas y desenvueltas, o sea todo lo contrario. Ya en la joven adultez no le tenía miedo a nada: me decían mu­chas cosas pero no podía desperdiciar el tiempo, ocupada como estaba por la actividad hormonal. Después vino la otra adul­tez, esa que va en serio, y empecé a tener temores meta­físicos; se entiende porque había crecido cristiana, vale decir que no entendía nada de nada. Ahora, que estoy en la madurez (obsérvese la inflación del término), añoro los tiempos en que tenía miedos tan difusos. ¡Me he vuelto tan concreta que me hiere la autoestima! Temo que el sodero no pase por casa y me deje sin soda una semana; temo que el resumen de la tarjeta exceda lo que estoy dispuesta a saquear de mi salario; tengo miedo de tener que volver a fingir un orgasmo por el miedo a despachar a un amante, les tengo miedo a esas arruguitas de mierda que me han salido traidoramente en el perímetro del ojo derecho, me dan pánico los sermones altruistas de ciertas amigas. En síntesis: he descubierto que estoy harta de tener miedo, y que lo más temible es en definitiva, el temor, del que acabo de huir con todo éxito. Puedo convivir con gitanos, con hombres que gustan de mujeres bonitas (y a esta altura debo agregar “jóvenes”), con preguntas metafísicas sin res­puesta, con o sin amantes ineficaces, con arrugas y patas de gallo, con amigas que no la ven ni cuadrada, y hasta con el dragón de San Jorge, si me apuran. Así que, señores, están ante una persona que ha emergido del miedo, alguien con talla épica, una sobreviviente de las banalidades de la vida, que ha sabido transitar triunfante desde la Santísima Trinidad a la Profanísima Cuaternidad, esto es: Serenidad-Narcisismo-Displicencia-Confianza.

Soy consciente de que esto no es, estrictamente hablando, un relato. Pero que es toda una historia… ¡quién me lo va a negar!

Este relato y unos 25 más, los pueden conseguir aquí

Del color de la leche

baixa (2) Dinávem una amanida en una plaza al amor de la sombra del verde de las falsas acacias, tan acogedoras, parlàvem d’escriptura y de esa clase de relato que habla del día a día de las gentes sencillas, quizás debiera decir de la buena gente que sobrevive bajo el mandato bíblico del sudor de su frente, de su trabajo, y de la dignidad que eso confiere y de lo rural como ejemplo de ese espacio castigado… y pensaba yo que esa afición podía llevarte a escribir de un modo que parece que ya no queremos ni nos apetece leer. La palabra que ha desatado el rechazo es “costumbrismo”, y me han venido a la mente esos novelones de antes de que Hollywood se apropiara de ellos y olvidara que el cinematógrafo querría ser expresión artística con relato propio, no prestado, algún día. Y sin más he recordado uno de los últimos libros leídos este año tan complicado y tan fecundo a la vez, al menos en lecturas.

Del color de la leche, de Nell Leyshon, es una joya inesperada, una lectura que a mi modesto entender comprende alguna de esas premisas: la de hablar de ese lugar en el mundo de las personas que no están destinadas a gozarlo, el lugar de lo que no se puede nombrar porque no hay palabras a su disposición y quizás nadie quiere escucharlo; el tiempo de los pobres de la tierra, que a pesar de lo que queramos creer, es muy cercano al nuestro; el cuerpo oprimido de las mujeres, siempre disponible para ser usado en nombre de su pretendida disponibilidad; el poder de la clase social, sobreponiéndose a lo humano; la maldición del destino abriendo paso a las creencias, tan potencialmente opresoras, casi siempre…

Así que sin más, recomiendo enarecidamente su lectura. Porque habla de nosotras, de nosotros, y lo hace de un modo muy peculiar, i así entra hasta el fondo de nuestra “disponibilidad” para aprender o aprehender alguna cosa de su lectura.

D’una amanida en neixen moltes coses, oi?

Librerías

Acabo de leer Librerías, de Jorge Carrión, publicado por Anagrama.

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Esta entrada es una simple recomendación. Porque me ha gustado claro, pero sobre todo porque es uno de esos libros que abren muchas puertas y dejan irritada (para bien) la curiosidad y la imaginación. Se trata de un ensayo muy ágil, que en ocasiones se deja ir y roza la literatura de viajes. Un recorrido por la historia y la evolución de estos espacios particulares e imprescindibles. Todas las librerías del mundo son la misma librería que nace y muere, que siembra y que espera para volver a nacer y despertarnos la conciencia y el hambre de ser mejores.

No quiero analizar en profundidad el libro pero sí que penséis en vuestras librerías favoritas, en lo a gusto que estáis o estuvisteis en ellas. En todo lo que os ha aportado. Pensad en vuestro librero, en sus recomendaciones y en lo contento que uno está cuando se va a casa con un tesoro bajo el brazo o en en la bolsa. Reflexionad en como la librería muere y vuelve a nacer, como cambia de calle y de nombre, como siempre está presente pero discretamente. Pensad en qué sería el mundo sin ellas.

También, como miembro de esta Espiral, aprovecho esta entrada para dar las gracias a las librerías que ya nos acogen y a las que vendrán. Porque si ya es especial encontrar el libro perfecto para el momento adecuado entre los anaqueles, imaginad la sensación que provoca ver nuestros libros bien dispuestos e incitando a los lectores para que los abran.

Gracias a Llibreria Les Hores, a La Puerta Estrecha, a Birlibirloque y a Un Gato en Bicicleta.

Estas son las nuestras, ahora queremos que nos habléis de las vuestras…

 

Canto rodado, hablando de…

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Se lo he dicho a la editora loca de este proyecto: Yo no sé hacer reseñas de libros, así que la hemos hecho a cuatro manos…

Se me fueron las pocas ganas que podía tener con aquellos obligados comentarios de texto del bachillerato. Al final parecía que leer un libro dejaba de ser un placer para convertirse en lo que hoy diríamos la deconstrucción del gazpacho. Y no es eso, para mí, leer poesía, y desde luego no digo nada de escribirla.

Algunos de mi generación, además, llegamos tarde a la poesía. Echémosle la culpa a Góngora, a Espronceda o a Bécquer, con mis más sinceros respetos a sus obras y en serio lo digo. Pero de su lectura comprensiva, eruditamente interesada (¿), y que si no la hacías te suspendían, claro está… llegamos a creer que la poesía era algo muy difícil, incomprensible y que además debía tener ritmo de canción, forzosamente. Así hay una generación (o más de una) que dice o decía con cara de pena cosas como estas: yo no entiendo de poesía, a mí me aburre, yo no sé… etc. etc. etc. De todos modos quede claro que no es éste el lugar donde poner a caldo técnicas educativas del siglo pasado, o de éste…

Algo de esas malas costumbres nos ha quedado, y te encuentras o con poemas abstrusos, con palabros absolutamente fuera de lugar, o reiteradas confesiones amorosas mil veces repetidas, sin una pequeña alma que los haga verdaderos… además de ver a algunos lectores muy interesados leyéndolos, mientras con los dedos miden si son de once o de catorce o si el acento o si… pues cuando eso ocurre, yo, mejor me voy con el libro a algún lugar apartado y lo gozo en soledad.

No es que vaya ahora yo a decir que la cultura poética es innecesaria o que la cultura a secas, que me gusta más, no deba ponerse en juego en el poema. Sólo reivindico una lectura enamorada de la palabra, de su significado y de su relación. Sea un poema, un relato, una novela, pero sea lo que sea debe contener una verdad, con una me conformo.
Y ya, llego al libro, y todo este “pre”, destinado a justificar mi falta de “técnica” literaria.

Canto rodado, 21 piezas en verso y un cuento, es un poemario de ElMudo que nos sabe a poco. Podemos entender, a raíz de sus declaraciones, que su autor persista en no nombrar como poemas a sus creaciones, a sus piezas en verso. Creo que un autor, antes de dejar a su obra en manos de los lectores tiene todo el derecho a nombrar lo creado como le venga en gana. Después llegamos los demás, los que leemos y nos lo haremos nuestro, si se deja el poemario, está claro. Y en este caso se deja. Pero yo, querría más.

En estos días en los que compres el artículo que compres, al final siempre encuentras la frasecita “contiene o puede contener trazas de…”, o sea, contiene artificios para hacer crecer la harina, el arroz, un bizcocho o el atún… y como te descuides y no leas con atención resulta que el producto que tú comprabas tiene trazas de petróleo, por lo menos, cosa a la que la inmensa mayoría es alérgica, al menos por la vía gástrica.

Igualmente ocurre con muchos “productos” literarios. Es un placer encontrar un libro como éste y leerlo, releerlo, volver a él y no encontrar ninguna traza de artificio. Canto rodado de ElMudo nos regala con sus piezas en verso la posibilidad de encontrar una verdad, ese corazón de la cueva donde poder encontrarse, con él, con su discurso y, sobre todo, con uno mismo.

Entrar en la cueva brillante de Canto rodado, sólo abriendo la puerta, sin adornos ni cortinajes, sin discursos de bienvenida ni lámparas de ikea en forma de prólogo para indicar el camino a seguir, entrar ahí y a la primera de cambio toparte con ese Suicidio negado, y saber nada más entrar que tienes en las manos algo grande, y seguir despacio, con atención, y saber que ese lugar, de alguna manera también es tu casa. Me cuesta decir algo de cada uno de estos poemas, y de hecho creo que no sé si quisiera ser capaz de hacerlo.

Nos sabe a poco. Ya nos decían cuando niños que de la mesa es mejor levantarse con un poco de hambre antes que harto. Y no es que sea mala esa aseveración tan… el caso es que juraría que podría leer las 21 piezas o 42 y seguiría sabiéndome a poco. Porque cada una de ellas te lleva a un lugar y después encuentras otra que te hace volver y es que cada una de ellas te ha tocado muy adentro y te hace seguir buscando…

…buscando cantos rodados en los que apoyarte para transitar por este río de poemas: en POBRE PROMETEO “Tendré que dejar de escuchar silencios, / Tendré que dejar de oler cosas que no existen”. Y en AUTORRETRATO, “Y quebrarse en alaridos de silencio / y esperar siempre que todo sea nuevo” “Poner la primera piedra de un volcán, sin saberlo / (Que eso es lo peor, sin saberlo). Y ese poema, si, señor ElMudo, un poema, CONFESIÓN, todo él, y “Muéstrame porque las piedras tiene tanta alma” de CANCIÓN DEL MORIBUNDO. Y LÁSTIMA, con esa especie de cansancio, pareciera que displicente, o el SONETO DEL MANCO DE DIOS hasta llegar al último, PARA BESAR HAY QUE TIRARSE DE BOCA, qué grande!!!

Y… de estos mencionados hasta los 21, no hay desperdicio ninguno, y siguen sabiéndome a poco.

No diré nada del relato, quizás me hubiera preferido en su lugar que hubieran más poemas pero de eso ya he hablado, ¿no?. Y seguro que el autor tiene la clave del por qué. Quizás en algún otra edición se regale más, con más poemas o nos presente unos relatos y éste, magnífico por su extrañeza, sea el anzuelo?

No conozco mucho al autor, solo las indicaciones de esos dos prólogos puestos al final, pero creo innecesario por mi parte saber mucho más de él. Es un acierto poder entrar en los poemas a saco, sin contemplaciones, sin paños calientes. Es mucho lo que dice en estos poemas, mucho lo que arañan, mucho lo que esconden sin ánimo de ello, es que es así la naturaleza de la cosa. ElMudo, ese señor que ha crecido en la segunda mitad del siglo XX, con lo que eso supone, muy bien explicado por José Prieto; muy sugerente la definición “una persona humilde disfrazada de indio apache” respecto al autor, dice Víctor L. Briones, es un regalo que hay que abrir con cuidado. Pero lo que más me gusta es la coincidencia general en la falta de artificio, en el canto que si no rueda no le sirve, en la falta de trazas espurias en estos poemas.

Y aquí lo dejo. Recomiendo encarecidamente la lectura de este libro y ahí dejo dos enlaces con los poemas leídos por su autor. No se pierdan esa experiencia.

http://es.youtube.com/user/pepeermudo

http://elmudo-pepeelmudo.blogspot.com/

J.A., S.R., dos lectores casi anónimos y la Iaia que fuma

Ad. Este intento de reseña se ha hecho a cuatro manos, y suma  opiniones recogidas por la editora de algunos lectores escogidos de Canto rodado.

Si hay algo que necesita o merece corrección o añadido, sea ella, la editora, la que lo revise, con vuestra colaboración.

La imagen de este post es de Chá Lucena.

If… (Jose Manuel Iglesias Cervantes)

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El proyecto del Granado, Magrana Granada, era escribir un texto inspirado por un clásico de referencia elegido por el o la autora.
En este caso, Jose Manuel trabaja con el poema If, de Rudyard Kipling.

Nuestras felicitaciones, Jose

If…

Si logras desde tu puesto miles de cabezas perdidas,
cuando todo a tu lado eran cabezas tranquilas.
Si tienes en tu bolsillo esa fe que te niegan
y desprecias por sistema las dudas que ellos tengan.
Si haces esperar en sus puestos sin fatiga en la espera.
Si sin ser engañado, tú mucho y a menudo engañas.
Si buscas mucho más odio que el odio que te tengan.
Si no eres bueno pero finges ser mejor de lo que eres.
Si al hablar, exageras lo que sabes y no lo que quieres.
Si sueñas y los sueños hacen a los demás tus esclavos.
Si piensas y no rechazas lo que piensas en vano.
Si alcanzas el TRIUNFO y es tuyo y tu DERROTA
es la de los demás.
Si logras que se sepa TU verdad, de la que has
/ hablado,
ayudado por el sofisma del Orbe que tú has creado.
Si haces volver al comienzo de la obra perdida,
a repetir la historia aunque cueste toda nuestra vida.
Si arriesgas en un golpe lleno de alegría
las ganancias ajenas de siempre a la suerte de un día,
y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea
sin decir nada a nadie y ocultando cuanto puedas.
Si logras que los nervios no te traicionen
y que detengan a los que te asistían,
aun después de que se haya descubierto toda la trama
y te pillen con las manos en la masa,
cuando ya no quede nada,
porque tú lo deseas y lo quieres y mandas.
Si hablas con el pueblo y corrompes su virtud.
Si marchas junto a reyes con paso torcido y sin luz.
Si nadie que te hiera llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman promesas y a ninguno escuchas.
Si llenas una hora de tele, inolvidable e incierta,
de sesenta minutos que te lleven al Congreso,
TODO lo de esta TIERRA será de tu dominio.
Y mucho más aún…
¡Serás POLÍTICO, corrupto mío!”

José Manuel Iglesias Cervantes

Cuando tenia cinco años me maté

Hace unos meses Sergi me recomendó este libro y hasta este último finde no me pude poner con él. Sergi me recomienda libros y pocas veces se equivoca… Pero ese título me daba miedo, al tiempo que me atraía. Hasta el viernes pasado.

Cuando tenía cinco años me maté.
Una voz infantil, sin adornos, sin sentimentalismos hueros, sin concesiones. Un espejo donde mirar y donde mirarse y recordar. Un encogimiento del cuerpo desde las tripas hasta la voz.
No es que no supiéramos alguna de las cosas que nos cuenta el autor, pero las habíamos dejado ahí, encerradas en los temas de la infancia sin resolver. Ya no podré mirar con condescendencia a esos mayores sin perspectiva, sin corazón, sin tripas.
Eso y más me ha dejado este libro.

Así quiero compartirlo.

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http://www.elplacerdelalectura.com/2013/11/cuando-yo-tenia-cinco-anos-me-mate-de-howard-buten.html

de Memorias i memòria-3

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UNA TARDE EN PERLORA

Vive tu memoria y asómbrate.

Jack Kerouac

En los últimos tres años no hemos podido compartir más de una tarde. Ella en el embarcadero del Mekong, en un callejón, yo en mi paseo de los Tristes, en el sur en el centro en el este, en el norte. Entramos en una infancia que no hemos compartido, con su diferencia en el tiempo, en el espacio. Pero aun así vivimos juntos una regresión. Una regresión en amarillo y verde.
Y sentimos que un lugar destinado para las vacaciones de trabajadores con pocos recursos tiene algo de mágico a pesar del estilo americano años cincuenta predominando sobre los hórreos.
Nos sentamos en el bar que está por encima de la playa en una especie de acantilado domesticado. Me enseña un libro de George Orwell en Catalonia durante la Guerra Civil. Es un regalo de su último amante, irlandés, que ha dejado en el sudeste asiático. Sí, los irlandeses beben tanto como creemos. Tienen un romanticismo especial. Otros, un catolicismo especial. Otros como Orwell, unas ideas especiales.
El sonido del mar nos lleva esquivando palabras, evitando juicios, sentencias. Hay espacios y momentos que dibujan una sincera distancia. En la que el amor se hace frío para algunos aunque sincero y respetuoso para otros.
Sorprendentemente el sol del Norte se hace presente en nuestros cuerpos. Dejamos las botellas de cervezas vacías y bajamos a la arena. Desvestidos. A pesar del frío del Cantábrico que te hace creer que romperá tus huesos nos atrevemos a bañarnos en él. Porque atreverse es una cuestión. Y al rato, la única opción.

Manuel Onetti