Canto rodado, hablando de…

canto cha

Se lo he dicho a la editora loca de este proyecto: Yo no sé hacer reseñas de libros, así que la hemos hecho a cuatro manos…

Se me fueron las pocas ganas que podía tener con aquellos obligados comentarios de texto del bachillerato. Al final parecía que leer un libro dejaba de ser un placer para convertirse en lo que hoy diríamos la deconstrucción del gazpacho. Y no es eso, para mí, leer poesía, y desde luego no digo nada de escribirla.

Algunos de mi generación, además, llegamos tarde a la poesía. Echémosle la culpa a Góngora, a Espronceda o a Bécquer, con mis más sinceros respetos a sus obras y en serio lo digo. Pero de su lectura comprensiva, eruditamente interesada (¿), y que si no la hacías te suspendían, claro está… llegamos a creer que la poesía era algo muy difícil, incomprensible y que además debía tener ritmo de canción, forzosamente. Así hay una generación (o más de una) que dice o decía con cara de pena cosas como estas: yo no entiendo de poesía, a mí me aburre, yo no sé… etc. etc. etc. De todos modos quede claro que no es éste el lugar donde poner a caldo técnicas educativas del siglo pasado, o de éste…

Algo de esas malas costumbres nos ha quedado, y te encuentras o con poemas abstrusos, con palabros absolutamente fuera de lugar, o reiteradas confesiones amorosas mil veces repetidas, sin una pequeña alma que los haga verdaderos… además de ver a algunos lectores muy interesados leyéndolos, mientras con los dedos miden si son de once o de catorce o si el acento o si… pues cuando eso ocurre, yo, mejor me voy con el libro a algún lugar apartado y lo gozo en soledad.

No es que vaya ahora yo a decir que la cultura poética es innecesaria o que la cultura a secas, que me gusta más, no deba ponerse en juego en el poema. Sólo reivindico una lectura enamorada de la palabra, de su significado y de su relación. Sea un poema, un relato, una novela, pero sea lo que sea debe contener una verdad, con una me conformo.
Y ya, llego al libro, y todo este “pre”, destinado a justificar mi falta de “técnica” literaria.

Canto rodado, 21 piezas en verso y un cuento, es un poemario de ElMudo que nos sabe a poco. Podemos entender, a raíz de sus declaraciones, que su autor persista en no nombrar como poemas a sus creaciones, a sus piezas en verso. Creo que un autor, antes de dejar a su obra en manos de los lectores tiene todo el derecho a nombrar lo creado como le venga en gana. Después llegamos los demás, los que leemos y nos lo haremos nuestro, si se deja el poemario, está claro. Y en este caso se deja. Pero yo, querría más.

En estos días en los que compres el artículo que compres, al final siempre encuentras la frasecita “contiene o puede contener trazas de…”, o sea, contiene artificios para hacer crecer la harina, el arroz, un bizcocho o el atún… y como te descuides y no leas con atención resulta que el producto que tú comprabas tiene trazas de petróleo, por lo menos, cosa a la que la inmensa mayoría es alérgica, al menos por la vía gástrica.

Igualmente ocurre con muchos “productos” literarios. Es un placer encontrar un libro como éste y leerlo, releerlo, volver a él y no encontrar ninguna traza de artificio. Canto rodado de ElMudo nos regala con sus piezas en verso la posibilidad de encontrar una verdad, ese corazón de la cueva donde poder encontrarse, con él, con su discurso y, sobre todo, con uno mismo.

Entrar en la cueva brillante de Canto rodado, sólo abriendo la puerta, sin adornos ni cortinajes, sin discursos de bienvenida ni lámparas de ikea en forma de prólogo para indicar el camino a seguir, entrar ahí y a la primera de cambio toparte con ese Suicidio negado, y saber nada más entrar que tienes en las manos algo grande, y seguir despacio, con atención, y saber que ese lugar, de alguna manera también es tu casa. Me cuesta decir algo de cada uno de estos poemas, y de hecho creo que no sé si quisiera ser capaz de hacerlo.

Nos sabe a poco. Ya nos decían cuando niños que de la mesa es mejor levantarse con un poco de hambre antes que harto. Y no es que sea mala esa aseveración tan… el caso es que juraría que podría leer las 21 piezas o 42 y seguiría sabiéndome a poco. Porque cada una de ellas te lleva a un lugar y después encuentras otra que te hace volver y es que cada una de ellas te ha tocado muy adentro y te hace seguir buscando…

…buscando cantos rodados en los que apoyarte para transitar por este río de poemas: en POBRE PROMETEO “Tendré que dejar de escuchar silencios, / Tendré que dejar de oler cosas que no existen”. Y en AUTORRETRATO, “Y quebrarse en alaridos de silencio / y esperar siempre que todo sea nuevo” “Poner la primera piedra de un volcán, sin saberlo / (Que eso es lo peor, sin saberlo). Y ese poema, si, señor ElMudo, un poema, CONFESIÓN, todo él, y “Muéstrame porque las piedras tiene tanta alma” de CANCIÓN DEL MORIBUNDO. Y LÁSTIMA, con esa especie de cansancio, pareciera que displicente, o el SONETO DEL MANCO DE DIOS hasta llegar al último, PARA BESAR HAY QUE TIRARSE DE BOCA, qué grande!!!

Y… de estos mencionados hasta los 21, no hay desperdicio ninguno, y siguen sabiéndome a poco.

No diré nada del relato, quizás me hubiera preferido en su lugar que hubieran más poemas pero de eso ya he hablado, ¿no?. Y seguro que el autor tiene la clave del por qué. Quizás en algún otra edición se regale más, con más poemas o nos presente unos relatos y éste, magnífico por su extrañeza, sea el anzuelo?

No conozco mucho al autor, solo las indicaciones de esos dos prólogos puestos al final, pero creo innecesario por mi parte saber mucho más de él. Es un acierto poder entrar en los poemas a saco, sin contemplaciones, sin paños calientes. Es mucho lo que dice en estos poemas, mucho lo que arañan, mucho lo que esconden sin ánimo de ello, es que es así la naturaleza de la cosa. ElMudo, ese señor que ha crecido en la segunda mitad del siglo XX, con lo que eso supone, muy bien explicado por José Prieto; muy sugerente la definición “una persona humilde disfrazada de indio apache” respecto al autor, dice Víctor L. Briones, es un regalo que hay que abrir con cuidado. Pero lo que más me gusta es la coincidencia general en la falta de artificio, en el canto que si no rueda no le sirve, en la falta de trazas espurias en estos poemas.

Y aquí lo dejo. Recomiendo encarecidamente la lectura de este libro y ahí dejo dos enlaces con los poemas leídos por su autor. No se pierdan esa experiencia.

http://es.youtube.com/user/pepeermudo

http://elmudo-pepeelmudo.blogspot.com/

J.A., S.R., dos lectores casi anónimos y la Iaia que fuma

Ad. Este intento de reseña se ha hecho a cuatro manos, y suma  opiniones recogidas por la editora de algunos lectores escogidos de Canto rodado.

Si hay algo que necesita o merece corrección o añadido, sea ella, la editora, la que lo revise, con vuestra colaboración.

La imagen de este post es de Chá Lucena.

3 comentarios en “Canto rodado, hablando de…

  1. Pingback: ElMudo | La espiral

  2. Pingback: El Mudo “Canto rodado” (La Espiral Literària) | Azatioprina Pulp

  3. Yo que ya me lo he leído varias veces y que lo he prolofiniquitado, que conozco al autor así como de soslayo o lo que se deja, os digo que este libro guarda mucho, pero que mucho sentido común disfrazado de otras cosas y mucho sentir sin adornos.

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